Un Domingo cualquiera del año 2007, nos fuimos camino a el Sendero denominado "Tiradero del Arroyo", en pleno Parque Natural de los Alcornocales, en el Campo de Gibraltar (Andalucia, España), toda una maravillosa experiencia el poder contemplar y pasear por un lugar con tanto encanto y de una belleza arrolladora.

Pues resulta, que ese domingo, habia quedado con mi buen amigo Vari y su encantadora familia. El plan, no podia ser mas atractivo....

Habiamos quedado a eso de la 1 del mediodia en casa de Vari ("el grandullón" para los amigos) Luisa (su mujer) e hijos. Luisa nos preparó un delicioso almuerzo con los motores de Fernado Alonso como fondo, ya que veiamos y comentabamos por Tv una carrera del mundial de fórmula 1.

Una vez terminó de rugir los motores de los formulas 1, pusimos los nuestros propios en marcha. Yo (como guia) iba en mi Hyundai Accent, los demás en el familiar de Vari. Allá que nos pusimos en marcha con ganas de pasear, respirar aire fresco y contemplar algo, que a dia de hoy, desgraciadamente, pocas veces podemos hacerlo.

Con la "talega" de la "merendola"(al mas puro estilo dominguero, nunca mejor dicho) nos dirigimos hacia el sendero. No habiamos conducido mas de 20 minutos hasta que nos desviamos de la carretera principal para meternos, en un camino que el Vari posteriormente denominó como "el camino del infierno".

Pues sí, llegados a este punto, habia que coger una carretera secundaria, que nos conducia a través del Parque Natural, lo que ocurre es, que dicha carretera o camino estaba en un estado lamentable. Camino de piedras y tierra, para colmo, habia llovido con asiduidad por esos lares con contundencia dias atras, con lo que el camino estaba aún peor. Vivimos momentos tensos durante algo mas de una interminable media hora.

Una vez, miré por el espejo retrovisor y pude contemplar la carita mitad pánico mitad cara de "estoyhastaloscojonesdeltioestepordondemehametido" .Temia por su coche, por su gente y tambien por su amigo (o sea yo) porque realmente mi coche no era tal, era una como una patera en medio de un vendaval en mitad del estrecho de todo lo que se balanzeaba.

LLegamos, aparcamos a la entrada del camino. Fué salir de los coches y contemplar como nuestros coches ya no eran color gris, nooo, eran de color polvo amarillento y sucio. Vari en ese momento casi me come. Al dia siguiente, el dinero en el lavado del coche estaria mas que justificado.

El camino resultó expectacular, todo verde, a pesar de no ser la mejor época para su visita. Grandísima variedad de arboles y arbustos, destacándo la gran cantidad de l "quejigos" y "helechos". Una hora larga nos llevó recorrer completamente el sendero. Todo maravilloso, el paisaje, la tranquilidad.... sin duda alguna mereció la pena y la experiencia de aquel increible domingo quedará para toda la vida como un grato recuerdo.

Maravilloso domingos, increible paseo y no menos genial compañia, ¿Que mas se puede pedir?